Dysania, incapacidad para despertar

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Dysania, cuando despertarse se convierte en un reto

Es importante aclarar que la dysania no es una patología ni tampoco consta como un trastorno, sino que se refiriere a la incapacidad que sufrimos en muchas ocasiones a salir de la cama. Suele definirse como un estado alterado de la conciencia en el que cuesta un enorme trabajo despertarse a la realidad mientras el cuerpo pide seguir durmiendo. De este modo, despertar se convierte en todo un reto, ya que a pesar de la posibilidad de establecer varias alarmas, la dificultad para despertarnos es máxima. Sí es cierto que podría incluirse dentro de las parasomnias por su naturaleza dentro de la alteración sueño-vigilia, pero en la actualidad se considera más un síntoma que un trastorno como tal.

La dysania puede ser producida por unos malos hábitos de sueño o por alteraciones emocionales o físicas. Estas alteraciones pueden mejorar si establecemos una buena higiene del sueño – como veremos más adelante – o logramos estabilidad emocional. Sin embargo, si a pesar de encontrarnos bien a nivel psicológico y tener unos horarios de sueño bien establecidos, sufrimos dysania, podría ser indicador de alguna patología subyacente. Por ello, será importante visitar al especialista.

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Síntomas de la dysania

Entre los principales síntomas de la dysania se encuentran:

  • Gran dificultad para despertarse antes de los 30 minutos desde que suena la alarma del despertador.
  • A pesar de escuchar el despertador, nos cuesta mucho hacer reaccionar a nuestro cuerpo.
  • Nuestra mente no acaba de despertar a la realidad y podemos llegar a sentir confusión.
  • Podemos incluso a llegar a no entender lo que ocurre, es decir, no saber porqué tenemos que levantarnos. También podemos saber que tenemos que levantarnos pero nuestro cuerpo no reacciona.
  • Cuando por fin despertamos, nuestra mente se encuentra nublaba y podemos sentirnos confusos.
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¿Qué podemos hacer?

Higiene del sueño

La higiene del sueño hace referencia a toda una serie de pautas a la hora de irnos a dormir. Se trata de una forma de acostumbrar a nuestro cuerpo a que a cierta hora debe empezar a sentirse somnoliento. En primer lugar, estableceremos un horario para acostarnos y levantarnos. Procuraremos llevar este horario todos los días, con un margen de una media hora arriba o abajo. Si somos capaces de mantener un horario de sueño, el cuerpo en poco tiempo (en dos o tres semanas) se acostumbrará y sentiremos sueño a la hora de irnos a dormir y nos costará menos despertarnos.

Por otro lado, será importante que se eviten los estimulantes pasadas las seis de la tarde y el deporte más activo. La cena será ligera y se procurará no realizar actividades demasiado estimulantes antes de dormir. Lo ideal será ver un rato la televisión o leer y seguir unas pautas para que el cuerpo sepa que debe dormir, por ejemplo: apagar la tele, cerrar las persianas, correr las cortinas, ir al baño, acostarse y apagar las luces. También es importante destinar la habitación sólo para dormir o mantener relaciones sexuales. Por lo que si podemos, evitaremos ver la televisión en la habitación o estar con el ordenador o la tablet. El uso del móvil también se verá reducido ya que podría activarnos más de lo que pensamos, así que cuando estemos en la cama su uso será para poner la alarga y la radio (aquellos que duerman con radio).

Siesta

Otro aspecto a tener en cuenta es la siesta. Algunas personas tienen la siesta muy arraigada en sus vidas, sin embargo, si por la noche tenemos dificultades para dormir a causa de la siesta, lo mejor será olvidarnos de la «cabezadita» después de comer. De esta forma, llegaremos a la cama con sueño y podremos dormir con más facilidad. ¿Cuántos de nosotros hemos estado en vela varias horas por la noche después de una siesta?

Colchón y almohadas

A pesar de no ser un aspecto psicológico, hay que recordar que el estado del colchón y la almohada cobra importancia la calidad del sueño. Un material deteriorado, en mal estado o de baja calidad, puede ser contraproducente, ya que no proporcionará el descanso adecuado.

Acudir a un especialista

Si hemos introducido cambios en nuestros hábitos del sueño y a pesar de ello seguimos experimentando malestar al despertarnos, será importante visitar al médico o un psicólogo. Detrás de la dysania, como se ha mencionado anteriormente, a nivel general se encuentran alteraciones emocionales o hábitos insanos del sueño, pero también podría esconder algún otro tipo de problemática. Para las alteraciones emocionales lo ideal será acudir a un psicólogo, para que nos ayude a poder algo de orden en nuestro día a día y en nuestra mente. Si a pesar de seguir una buena higiene del sueño, de experimentar más calma mental y tranquilidad, seguimos sufriendo dificultades para despertarnos, entonces será importante visitar al médico.

Conclusión

El ritmo de vida frenético que llevamos hoy en día más otro tipo de situaciones como poder pasar casi 24 pegados a una pantalla, puede alterar nuestro ritmo del sueño. Por ello, lo primero de todo es repasar nuestro día a día y ver qué cambios podemos introducir para dormir mejor. Si observamos que estos cambios no producen ningún resultado y sufrimos ciertas alteraciones emocionales, siempre podremos acudir a un psicólogo para que nos ayude. De esta forma, podremos gozar de pautas y de ayuda especializada para gozar de mayor calma mental. Por último, si a pesar de ello, las alteraciones del sueño siguen, el médico será el siguiente objetivo.

Es importante saber que las alteraciones del sueño están a la orden del día, por ello no debemos dramatizar las situaciones ni ponernos en lo peor. Por lo que, estableciendo pequeños cambios -o grandes, según el caso- , deberíamos poder dormir con normalidad. Sin embargo, si las alteraciones de sueño no cesan, podrían ser síntoma de algún otro trastorno, así que para ello visitaríamos a nuestro médico de cabecera. Hemos de tener claro que todo depende del contexto, por ejemplo, sentir cansancio dos o tres días puede ser normal, pero si se extiende en el tiempo, podría ser síntoma de alguna patología. Así que, será importante considerar la frecuencia y la intensidad de los síntomas antes de hacer sonar todas las alarmas.

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