
Entendiendo mejor la personalidad
¿A qué nos referimos con personalidad?
Usualmente se entiende por personalidad como la forma de ser que nos caracteriza a cada persona. Una creencia muy extendida sobre la misma es que se trata de algo interno e innato que nos diferencia de los demás. Así, se justifican ciertas conductas e incluso se consideran inmutables. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico esto no es así.
La personalidad, entonces, alude a nuestra forma de ser, pero entendida como patrones conductuales que suelen ser relativamente estables y se llevan a cabo en diferentes situaciones. Que sean estables nos ayuda a predecir ciertas conductas de una persona que pone en marcha en situaciones parecidas.
No obstante, esto no quiere decir que sean innatos, sino producto de nuestra historia de aprendizaje en nuestros entornos más cercanos. Tampoco significa que nuestra personalidad no pueda cambiar, sino que al ser comportamientos aprendidos tenemos la capacidad de cambiarlos.
Poner etiquetas nos gusta mucho
Antes hablábamos de cómo los test de personalidad nos categorizan y nos describen. Es decir, se agrupan ciertas conductas que se suelen producir juntas y se les asignan una etiqueta. Así, una persona que habla con mucha gente en una fiesta, baila sin prejuicios y hace bromas solemos decir que es una persona extrovertida.
En este sentido, poner etiquetas nos sirve para describir comportamientos que se suelen realizar juntos, nos facilita recopilar y estructurar la información que obtenemos de otras personas y facilita nuestra comunicación.
Perfiles de personalidad
Como hemos dicho antes, nuestra personalidad se define como nuestra manera de actuar relativamente estable en diferentes situaciones. Debido a ello, se han podido agrupar ciertas conductas limitantes y problemáticas que se suelen llevar a cabo en conjunto bajo ciertas etiquetas o perfiles de personalidad. Algunas de estos son:
Perfil de personalidad evitativa: las personas que actúan bajo esta etiqueta suelen tomar la iniciativa de separarse de otras, no suelen disfrutar de las relaciones sociales y prefieren la soledad, suelen mostrar timidez y hablar de cosas superficiales. En casos graves y problemáticos, relacionarse con otras personas supone un estado de frustración continuo y estas conductas se llevan a cabo de manera que limita mucho su vida.
Perfil de personalidad narcisista: suelen ser personas que están centradas en sí mismas y necesitan ser admiradas, que los demás reconozcan su superioridad. Sus conductas tienen la finalidad de buscar la gratificación personal. Cuando este patrón conductual es frecuente y se vuelve problemático, estas personas suelen buscar la subordinación de los demás, que les admiren tratándoles de manera deferente.
Perfil de personalidad antisocial: suelen ser personas que también se centran en sí mismas, pero se relacionan con los demás por un interés específico, buscan un beneficio de otras personas para su propia satisfacción, es decir, cuando mantienen algún tipo de relación con otra persona, es porque quieren conseguir algo de ella.