Frases célebres de Mary Shelley
Un pensamiento de duda contamina el día.
Es difícil creer que el destino de un hombre sea tan bajo que le lleve a nacer sólo para morir.
Toda política llevada al extremo debe ser producto de la maldad.
El ángel caído se convierte en un malvado demonio. No obstante, incluso el enemigo de Dios y del hombre gozó de la compañía de amigos y semejantes en su desolación. Yo en cambio, estoy completamente solo.
La guerra es el juego del estadista, la dicha del sacerdote, la burla del abogado y la profesión del asesino mercenario.
Pero tenemos la obligación de esconder nuestro dolor para no aumentar el de los que nos rodean.
Mis sueños eran más fantásticos y magníficos que mis escrituras.
El amor, que no es más que un episodio en la vida de los hombres, es la historia entera en la vida de las mujeres.
No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.
Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales.
Ningún hombre elige el mal por ser mal, sólo porque lo confunde con felicidad. Busca lo bueno.
La vida, aunque sólo sea un cúmulo de angustias, es muy querida para mí y voy a defenderla.
Nada es más doloroso para la mente humana que un cambio grande y repentino.
Todos los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes de que se escape un culpable.
Desde el momento en que me condenaron, el confesor ha insistido y amenazado hasta que casi me ha convencido de que soy el monstruo que dicen que soy.
En tanto quedará vivo alguien quien yo pudiera amar, siempre tendría razones para tener miedo.