
Problemas, una cuestión de actitud
Los problemas
Suspendemos un examen, nos despiden del trabajo, enferma alguien de nuestra familia, perdemos el avión, se nos estropea la caldera, se rompen las tablas del somier, no funciona el ascensor cuando llegamos cargados con las bolsas del supermercado… Podríamos rellenar páginas y páginas y no acabaríamos nunca.
Además los puñeteros parece que se ponen de acuerdo en visitarnos cuando no estamos pasando por un buen momento. Sí, es en este instante cuando experimentamos la sensación de que todo se tiñe de gris oscuro tirando a negro. Ese momento en el que cualquier adversidad se convierte en un mundo. Es en este punto cuando nos convertimos en auténticos expertos en amargarnos la existencia.
Caemos en continuas comparaciones de las que siempre salimos perdiendo y, de forma repentina, nos inundan una amalgama de emociones negativas. Podemos llegarnos a creer que la vida de los demás es idílica y que la nuestra está plagada de contratiempos y penurias. Atribuimos al prójimo un status de felicidad que no se ajusta a la realidad. Y si por un momento conseguimos olvidarnos de esto, ya están ahí las redes sociales para recordarnos nuestra amarga rutina.
Pues bien, vamos a detenernos en un aspecto que considero clave para romper este circuito tan tóxico. Gran parte de este enredo mental responde a una mala orientación hacia todo aquello que asemeja ser un problema. Einstein ya decía que “la formulación de un problema, es más importante que su solución”. No soy tan osado como para desafiar las palabras del genio, pero considero que tenemos mucho que perder si antes de formular el problema nos orientamos mal hacia él.
Fases resolución de problemas
Para comprender mejor el contexto global en el que nos movemos, citaré brevemente los componentes y las fases que proponen D´Zurilla & Goldfried (1971), autores que desarrollan el modelo más reconocido en este ámbito terapéutico. Ellos proponen dos componentes, el primero es la orientación o actitud hacia el problema y se reduce a un proceso puramente motivacional o actitudinal y el segundo son las habilidades básicas de resolución de problemas, ya más activo, que concentra, las habilidades concretas de la solución de problemas en sí misma.
- Fase 1. Definición y formulación del problema.
- Fase 2. Generación de alternativas de solución.
- Fase 3. Toma de decisiones.
- Fase 4. Implementación de la solución y verificación.