Frases célebres de Manuel Azaña

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Cada hombre es un misterio impenetrable en vida y en muerte.

El amor a la vida crece en fuerza con la madurez del espíritu.

La tontería es la planta que mejor se desarrolla.

Los placeres en proyecto son el origen del infortunio.

La vida ofrece a cada criatura su copa de amargura.

Yo no sé si soy un estadista. Lo que es cierto es que, de la política, lo que me interesa es mandar.

Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito.

Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional, pero a qué pocos. Ni aún el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado.

«No quiero ser presidente de una República de asesinos.»

«La política republicana de izquierdas es una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta.»

…Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere, pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco.

«Siempre, es una palabra que no tiene valor en la historia y, por consiguiente, que no tiene valor en la política.»

«La guerra está perdida; pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si nos dejaban.»

«El patriotismo no es un código de doctrina; el patriotismo es una disposición del ánimo que nos impulsa, como quien cumple un deber, a sacrificarnos en aras del bien común; pero ningún problema político tiene escrita su solución en el código del patriotismo».

«Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos.»

Las formas sociales y políticas en las que los pueblos pueden entrar y permanecer, no están sujetas a su arbitrio, sino determinadas por su carácter y su pasado.

La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

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